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Generosidad

lunes, 03 de abril de 2017Generosidad Nº23 - Abril 2017

Boletín digital informativo sobre género y discapacidad

Activista

Amparo Minguet Soto, directora del equipo técnico de la Federación de Fesord CV, secretaria general de la Fundación Fesord CV y vicepresidenta de la CNSE

Cediendo protagonismo

03/04/2017

Beatriz Sancho

El honor y el orgullo que destila Amparo Minguet Soto al definirse como persona sorda, dejando de lado la discapacidad, aunque respecte que cada cual la concrete a su modo, significando, ponderando y sintiendo la sordera como el reducto imprescindible sobre el que ha cimentado su vida, "una vida bella, importante" para esta activista del movimiento asociativo, justifica la contundencia de su categórica expresión: "mi mayor enriquecimiento vital ha sido convertirme en una persona sorda".

Amparo Minguet, secretaria general de la Fundación Fesord CVConstruir un mundo donde el sentido imperante sea la vista, es distinto a construirlo sobre otro sentido, y esa concreción en "la vida de cada persona sorda es algo fundamental", esgrime Amparo Minguet Soto, la actual directora del equipo técnico que conforma la Federación de Personas Sordas de la Comunitat Valenciana (Fesord CV), y que además es secretaria general de la Fundación Fesord CV y vicepresidenta de la CNSE.
 
Minguet se quedó sorda cuando tan solo contaba con seis años a consecuencia de una meningitis, y a partir de entonces tuvo que adaptarse a una vida nueva, "difícil" porque "todo cambió" y no se trató de una pérdida auditiva progresiva. Sin embargo, con apoyo, tanto personal como familiar, logró reacomodarse a su nueva situación, y edificar una vida diferente porque "percibía de otra manera".
 
Son muchos años viviendo en el silencio, un silencio en el que  Amparo Minguet ya no repara porque su habilidad visual adquirida le ha permitido erigir un mundo visual donde capta los sonidos o el movimiento con los ojos, según explica. Pero esta destreza no era tal cuando se convirtió en una niña sorda: "no era hábil en lectura labial, ni tenía un lenguaje enriquecido todavía". Recuerda esta mujer sorda que, en aquella época, tanto los compañeros y las compañeras del colegio ordinario en el que estudiaba, así como el resto de personas de su entorno, "no entendían del todo mi situación y pasé momentos dolorosos, al igual que en la adolescencia, porque se producían conversaciones en grupo que yo no podía entender".
 
Sin embargo, "todo cambió" una vez que conoció a sus "iguales", como ella los nombra, y comenzó a participar en la comunidad de personas sordas, a buscar su "identidad" y a crecer como persona. "Todo mejora", admite, "cuando encuentras a tus iguales dentro del movimiento asociativo, en la federación y asociaciones de personas sordas". Precisamente, este hallazgo le hizo intimar con personas sordas, aprender la lengua de signos, compartir valores, creas grupos de amigos y amigas. Estar entre "iguales", según cuenta, le brindó la oportunidad de comenzar la construcción de una vida donde "la aceptación y la normalización se produce de una manera más natural"· De hecho, es entre personas sordas donde "hallé esa identidad personal como persona sorda. Porque, insisto, yo no la construí sobre la discapacidad". 
 
Amparo Minguet compartiendo una ponenciaLa directiva de la CNSE menta muchas veces la palabra "construcción" para narrar la evolución, el desarrollo vital que la configura y que, según apunta, "se sigue construyendo a pesar de que seas mayor". Dice que, a pesar de las experiencias, que la han fortalecido y que la han hecho progresar, ella es "la misma Amparo de siempre". Sin embargo, admite que su camino está definido por una elección principal que la conforma y que la hace ser quién es y haber vivido su existencia del modo que ha acontecido, habla de su decisión irrevocable de contribuir, de "aportar a la comunidad de personas sordas". 
 
Una diferencia, dentro del contexto estatal y de su comunidad autónoma del movimiento asociativo de personas sordas, que la distinguió, mínima o máximamente de la mayoría de los iguales con los que coincidió de joven, al unirse como socia a la Asociación de Personas Sordas de Valencia (AVS), fueron los estudios. La mayor parte de miembros de la comunidad de personas sordas no tenían estudios, especialmente universitarios. Amparo, sintiéndose más afortunada que muchos por haberse diplomado en Magisterio, revertió sus conocimientos, con firme convencimiento, en la Fesord CV dando clases como voluntaria de Graduado Escolar. Para entonces la joven tiene solo 23 años y, personificando el significado de su nombre propio, "ampara" a otras personas sordas que no dominan la lectura, ni la escritura, y que siendo jóvenes y capaces como ella "no tienen ni siquiera el título de la EGB".
 
En la Universidad nuestra activista sorda no tuvo los apoyos ni adaptaciones que hoy existen y, por ello, "me costó continuar". Incluso se planteó "muchas veces abandonar los estudios por los obstáculos que encontraba". Sin embargo, Amparo saca lo positivo de la experiencia y asegura que le enseñó a relacionarse con personas muy diversas, a establecer otras formas de comunicación, a ser autosuficiente, e incluso a manejarse en un entorno, la institución, que considera "muy auditivo", tan "auditivo", así lo siente y añade con sorna, "como la propia sociedad".
 
Sin embargo, todo su "empoderamiento", piedra angular que ha conducido su existencia y ha fraguado su esencia activista, nace de su conversión en persona sorda, lo repite ella misma. De esta trasmutación de estatus, de persona oyente a persona sorda, brota el empoderamiento, la enjundia luchadora que la caracteriza, esas ganas inmensas de cambiar las cosas. "Es mi escuela", concluye Amparo Minguet, porque convertirse en sorda le ha propiciado, a lo largo de los años, su gran participación social, su enorme lucha social para trabajar por los cambios, por las mejoras, su esfuerzo personal y profesional constante para dedicarse, motivada y con mucha ilusión, al sector poblacional de las personas sordas que, en la actualidad, según desvela: "lucha para ser protagonista de sus vidas, para poder decidir y cambiar las cosas por sí mismas".  
 
Y es que esta valenciana sorda, si algo tiene claro, es lo trascendental que es actualmente conseguir el empoderamiento de cada persona sorda para que puedan protagonizar y vivir su futuro. "Es importante que todos y todas pensemos así", subraya, porque "si es cierto que hay temas que no están en nuestras manos, y que hay que reivindicar, hay muchos otros que sí lo están". "Cuando abordé el tema del graduado escolar", alumbra la idea, "era impensable para muchas personas sordas obtener la titulación, crearse una trayectoria profesional", pero se logró. "Lo lograron muchas personas sordas, y es que todos tenemos que aportar algo según nuestro propio contexto", ya que para Minguet "el activismo no es solo reivindicar, sino hacer lo que puedas con tus propias manos".
Amparo Minguet rodeada por todo el consejo de Fesord CV"El activismo no es solo reivindicar, sino hacer lo que puedas con tus propias manos"
Reconoce esta valenciana sorda que tomó consciencia del activismo cuando, además de participar como socia en la AVS, en comisiones de deportes y demás, pudo ver con satisfacción como otros "iguales", al desplegar el dispositivo para que se sacaran el graduado escolar, "pasaran del yo no puedo al yo puedo". "Ver como muchas personas cambiaban de una idea a la otra, me cambió mucho, marcó mi trayectoria", confirma. De hecho, le llevó a participar en la Comisión de Jóvenes Sordos de la Comunitat Valenciana (Joversord CV), que fue "una buena oportunidad para reivindicar, reunirse, realizar actividades y disfrutar como grupo de jóvenes que éramos".
 
Pero, a nivel personal, el gran impacto vital para Amparo Minguet sucedió durante su participación en el "campamento europeo de líderes sordos" porque tuvo la oportunidad de conocer a muchos y muchas jóvenes sordos y sordas de diferentes países, así como su progresión personal. "Este grupo de personas sordas que encontré era muy, muy diferente, y muchos tenían estudios universitarios", pero además de esa diversidad, fue muy importante para ella encontrar allí denominaciones a muchas cosas "que yo sentía dentro" como identidad sorda, comunidad sorda, cultura sorda... "y ya no se trataba de mímica, ni de lenguaje de manos o de signos, sino Lengua de Signos e intérpretes de LS", revive la emoción esta mujer sorda al enumerar estos nombres a sentimientos y conceptos que anidaban ya entonces, sin nombre, en su interior. 
 

LA IMPORTANCIA DE NUTRIRSE DE EUROPA

 
En este contexto, Amparo Minguet descubrió que "los sordos españoles no éramos peores que los de otros países, descubrimos que no era cuestión de sordera, sino de oportunidades". Esto clarificó mucho sus ideas y, según confiesa, le cambió mucho. De hecho, además de "refuerzos que me hicieron muy fuerte", el encuentro europeo de jóvenes sordos le insufló una enorme energía "para ser mucho más activista". De ahí, que comenzara a contactar con el movimiento asociativo juvenil de personas sordas tanto estatal como europeo.
 
En su afán por buscar oportunidades para compañeros y compañeras sordos y sordas en España, Amparo Minguet decidió que era importante meter la cabeza en Europa. Corrían los años 90, y dadas las políticas europeas de apoyo a países como el nuestro que se ofrecían entonces, la activista solicitó varios proyectos Horizon. Así fue como, en el 95, se aprobó el proyecto europeo Forum 'Siente la Comunidad Sorda' para formar y crear infraestructuras. La valenciana se convertiría en la directora del Proyecto Horizon que "abrió muchas puertas a las personas sordas valencianas para formar a otras personas sordas que, además de convertirse en buenos profesionales, aprendieron a tomar decisiones propias". Hubo dos fases de esta iniciativa europea (del 95 al 98, y del 99 al 2002), pero lo que se perseguía, cuenta la activista, era que "la entidad siguiera el camino que quisieran poner en marcha las propias personas sordas".
Amparo Minguet con miembros de la CNSE"Ver como muchas personas cambiaban de una idea a la otra, del no puedo al puedo, me cambió mucho, marcó mi trayectoria"
Rememora Amparo Minguet que en estos proyectos europeos vio una oportunidad para que la gente creciera y, de hecho, anuncia que "creció". Así fue, por ejemplo, lo que ocurrió en el primer Centro de Formación y Estudios para la Comunidad Sorda creado en España (95), producto de los citados apoyos europeos, y donde la valenciana ejerció de directora hasta el 2006. El éxito fue la gran cantidad de personas sordas que se formaron allí "que hoy tienen una trayectoria profesional o son más felices por los conocimientos adquiridos, por los logros conseguidos", y que el centro fuera "un modelo" para replicarse en otras provincias. 
 
La nobleza de Minguet se infiere cuando se le pide que repase su trayectoria puntualizando los cargos ostentados durante toda su carrera de activista. "Para mí los cargos son situaciones momentáneas, tienes que asumirlos, pero no son significativos", revela. Cuando cogió por primera vez la presidencia de Fesord era muy joven, como también lo era cuando comenzó a participar en el consejo de CNSE, sin embargo no quiere omitir que el resultado de su andadura por el movimiento asociativo le ha dotado de "la gran riqueza personal y profesional" que posee.
 
En la CNSE también ha estado, lo cuenta ella misma con estas palabras, "con cargos diferentes, en consejos diferentes, en años diferentes y con diferentes compañeros, siempre he ocupado cargos políticos en la confederación". El trabajo a nivel estatal y autonómico es muy distinto, según distingue Amparo, quien da fe de que "la equidad a nivel autonómico no es real", de los desequilibrios entre unas comunidades autónomas y otras, pero que es a este nivel donde "tienes la oportunidad de tocar a la gente. Una sonrisa", explica, "no se puede medir". 
 
"A nivel estatal ves datos generales, y a nivel autonómico ves a la gente en persona y tienes que conseguir que se vayan más alegres de lo que llegaban a la entidad. Y esto es tangible para mí en la Comunidad valenciana: los resultados en tu gente, sus cambios y logros personales y profesionales, los ves" in situ, asegura la que también es, hoy en día, profesora de Psicología en el instituto público Misericordia de Valencia, concretamente en el Ciclo Formativo Superior de Técnico en Interpretación de la LSE y que es prueba irrefutable de que continúa, vocacional, en su afán por sembrar en las personas sordas crecimiento personal para que puedan ser más felices, más autónomas. 
 
En la Confederación todo el trabajo, lo expone la también directiva del movimiento asociativo estatal de las personas sordas, "es más burocrático, aunque también es cierto que lo que consigues a nivel estatal tiene una repercusión mucho mayor en otras autonomías, e incluso tu propia experiencia, lo que pones en marcha en tu autonomía, puede servir de ejemplo para otras". Ahora, lo que se propone la activista valenciana desde CNSE es que, además de dar ejemplo con lo realizado en su comunidad autónoma, se consiga para otras personas sordas de otras comunidades autónomas las mismas condiciones establecidas en otros territorios que van por delante en apoyos, en derechos, y que son más afortunados en este sentido. En su opinión, no disponer de intérpretes de lengua de signos, "como hasta hace poco sucedía en algunos lugares, es vetar la participación de los líderes sordos en estos territorios".
 

Amparo Minguet rodeada de jóvenes sordos y sordasDE PRIMER A SEGUNDO PLANO

 
Sin embargo, Amparo crecida física, personal y anímicamente gracias a su tesón, a su voluntad, a sus ganas de luchar, reivindicar y cambiar cosas, aunque es consciente de que siempre seguirá apoyando y empoderando a las personas sordas porque, como ella misma se delata, "sin el activismo sordo soy como un pez fuera del agua", hoy confiesa que quiere pasar a un segundo plano. 
 
La activista se ha dedicado por entero a "sembrar semillas", como ella misma ilustra, tanto a nivel estatal como autonómico, en las personas sordas, pero también a "cuidarlas" a posteriori también, explica, para que "den sus propios frutos, cambien situaciones y sean independientes". Esta reflexión lleva a Amparo a compartir una aspiración que sería un fruto de su trabajo, y el de otros y otras activistas, y que le gustaría contemplar, cosechar: ser testigo de cómo el Tercer Sector asume responsabilidades, se transforma en protagonista, aprovecha las oportunidades y es capaz incluso de encontrarlas en situaciones de crisis. 
 
Y de este sentir de la activista sorda a otro también confesado, casi inferido de la idea anterior, su interpretación personal o sensación de haber estado en primer plano durante mucho tiempo, y su sincero anhelo de "ver caras nuevas, personas sordas que asuman responsabilidades", que, de paso, le permitan a ella pasar a ser modelo y dejar el protagonismo. Quiere dedicarse a más cosas, y una primordial: atender a su hija, que también es sorda.
 
Pero Amparo manifiesta, no se le escapa, que si tuviera que coger un cargo de "segundo apellido" para que la responsabilidad de sus sucesores no sea excesiva, lo haría porque: "la vida te lleva a ello". Prefiere, no obstante, que ese papel lo interprete otra persona distinta porque ella, honestamente, lo que quiere ahora es "vivir, estar, poder saborear" de esa manera que "la edad te enseña": más lentamente. "Estar en el sabor, ver cómo las cosas mejoran, estar en los cambios, en los retos conseguidos... desde un segundo plano". Su sueño, el más íntimo, es poder ver, desde ese balcón que quiere adjudicarse, ese palco, ese privado que está confabulando, "la desaparición de las barreras de comunicación y, sobre todo, de las mentales para que no haya ideas preconcebidas, ni prejuicios...". Poder paladearlo, poder paladear, ahora, el éxito, la fuerza, el arrojo y la capacidad de otras personas sordas liderando ante sus ojos y disfrutarlos, disfrutándose. 
 
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