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Generosidad

lunes, 3 de mayo de 2021Generosidad Nº68 - Mayo 2021

Boletín digital informativo sobre género y discapacidad

Opinión

¿IRREALIDADES?

Por Vicky Bendito

Vicky Bendito, periodista, por Félix RenedoHace unos días conocíamos la noticia de que dos hombres que habían sido detenidos por la violación y secuestro de una mujer de 18 años, con un 66% de discapacidad, habían quedado en libertad sin cargos. ¿Por qué?

 

Porque, tras su investigación, la policía no ve indicios de criminalidad. Señala la información que, según las fuentes consultadas, “la joven ha entrado en claras contradicciones e irrealidades durante su declaración en comisaría”. 

 

¿Irrealidades? O sea, ¿que se lo inventó?

 

Pero ellos, en cambio, “han mantenido su inocencia y asegurado que la joven no fue coaccionada para ir a su casa”. ¡Ah, muy bien! Como ellos lo aseguran, pues nada, oye. ¡Por favor! ¡Como si no hubiera formas de coaccionar! Detalle: Ellos son dos hombres, dos, de 32 y 30 años. Ella tiene 18, y una discapacidad del 66%.

 

Según la noticia, la policía pone en duda que fuese llevada a la fuerza, “ya que era a plena luz del día y había bastante gente en la zona”. Claro, va a ser que, como no le pusieron una capucha en la cabeza y ella no gritó pidiendo auxilio, pues resulta que se fue con ellos voluntariamente.

 

“La joven salió muy alterada de la casa”. ¿Por qué? De eso no dice nada la noticia. Este por qué, al parecer, no importa, oye.

 

“Los investigadores han llegado a la conclusión en su atestado de que no ven indicios de criminalidad y que los detenidos y la joven se conocían de antes”. ¡Anda, tú! O sea, que como se conocían, nada de lo que ella cuenta pasó, o no pasó como ella lo cuenta. 

 

¿Os suena? 

 

Al llegar a estar parte de la noticia, me acordé de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Aragón, por la que se absolvió a un hombre de 37 años acusado de violar a una joven de 17 años que, además, tiene asperger. Detalle: Él tiene 37 años. Ella, 17.

 

Para la Audiencia Provincial de Zaragoza, no cabía duda de que la denunciante no consintió, de que se opuso a mantener relaciones sexuales, pues “él le bajó los pantalones hasta cinco veces consecutivas y ella se los volvió a subir”. ¡Hasta cinco veces! Si eso no es una negativa, que venga diosa y lo vea. Pues el Tribunal Superior de Justicia de Aragón no lo vio así. No.

 

A juicio de sus señorías, el hecho es que hubo penetración “sin que se haya determinado si ella consintió esta conducta o expresó su negativa a aceptarla”. Va a ser que se subió los pantalones cinco veces, una por cada vez que él se los bajó, porque estaba indecisa, claro. Y como, además, una cámara les grabó caminando juntos de la mano de regreso al parque, pues nada. ¿En qué estado salió ella de aquel lugar? No lo sabemos ¿Acaso se plantearon los magistrados que salir “de la mano” con él era la única forma de llegar viva a casa? No.

 

Así que, cuando leo que la joven del primer caso que comento al comienzo de este artículo decidió no interponer denuncia, lo entiendo. 

 

Porque la cuestión es cuestionar a las víctimas. Siempre. No escucharlas. Nunca.

 

Porque al final siempre es la misma conclusión falaz: Las mujeres mentimos y, si tenemos discapacidad, no sabemos lo que decimos 

 

¡Qué hartazgo!

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