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Generosidad

miércoles, 1 de septiembre de 2021Generosidad Nº71 - Septiembre 2021

Boletín digital informativo sobre género y discapacidad

Opinión

Medalla de oro

Por Vicky Bendito

Hay tabúes que cuestan mucho destruir. Y para hacerlo hay que tener muchas agallas. Recientemente leí un relato breve titulado “El papel pintado amarillo”, de Charlotte Perkins Gilman. La protagonista padece “melancolía”, o “nerviosismo” y es encerrada en una habitación empapelado con papel amarillo, en una casa que ha alquilado su marido para relajarse toda la familia y ayudarla a recuperarse.

Ella trata de explicarse, pero no hay forma. En la edición que adquirí, al final del relato, la autora explica por qué escribió este cuento: “Para evitar que ciertas personas fueran llevadas a la locura”. 
 
Charlotte Perkins escribió este relato en 1865. 
 
Estamos en 2021 y las enfermedades mentales siguen siendo un tabú. Y el hecho de que afecta más a mujeres que hombres, también. Estoy recordando algunas películas sobre las vidas de célebres personajes con enfermedades mentales, muy buenas y muy necesarias para explicar y concienciar qué son y qué implican. Pero no me viene a la cabeza ninguna protagonizada por una mujer (si alguien conoce algún título, agradezco me lo haga saber para visionarla). 
 
A lo que iba, no me viene ningún título, pero me viene a la cabeza otra gran autora: Virginia Wolf, cuyo libro “Una habitación propia”, me fascinó, pero sobre quien pesó siempre el estigma de su enfermedad mental. De ella siempre se destaca eso, sus depresiones, además de sus obras. Estigmatización. 
 
Hace unos meses la tenista Naomi Osaka renunció a Wimbeldon, otros deportistas, como Michael Phelps o Andrés Iniesta han hablado de sus enfermedades mentales, pero nadie ha tenido tanto impacto como la gimnasta Simone Biles. 
 
Querían ocultar la verdadera razón, diciendo que tenía una lesión, y que no diera una rueda de prensa, pero ella se negó. Lo verbalizó, habló abiertamente de ello, llevando a las portadas algo que es esencial: La salud mental. 
 
Según el estudio “desigualdades en salud mental en la población trabajadora de España”, la prevalencia de enfermedades mentales entre las trabajadoras es seis puntos mayor que entre los trabajadores. Seis puntos. Y el estudio es de 2018. 
 
Dentro de un tiempo sabremos el efecto que la pandemia, el confinamiento y el teletrabajo han tenido en la salud mental de las mujeres, que, además, han sido especialmente golpeadas durante la pandemia. Según datos del INE, el 55,6% de las personas desempleadas en 2020 eran mujeres, que, recordemos, son las que llevan la carga mental de los hogares y las que ejecutan la inmensa mayoría de las tareas del hogar.
 
Por eso, la decisión de Simone Biles de hablar abiertamente de su salud mental, de su decisión de priorizarla, es tan importante. Ha sido una mujer la que ha visibilizado como nunca nadie lo ha hecho antes, la importancia de la salud mental.
 
Ha roto un tabú olímpico, olímpico por su inmensidad, por el silencio que lo soterraba. Y lo ha hecho de forma olímpica, con un impacto mediático mundial. 
 
No cualquiera puede romper tabúes. Solo unas pocas, quienes tienen determinada posición en la sociedad, pueden hacerlo. Y hacerlo requiere tantas agallas y tanta valentía que, solo por eso, merecen la medalla de oro. 
 
 
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