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Generosidad

lunes, 03 de octubre de 2016Generosidad Nº17 - Octubre 2016

Boletín digital informativo sobre género y discapacidad

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Mujeres con discapacidad en El Ateneo

Debate: 'Diversidad social, personas con discapacidad y derechos humanos: una cuestión pendiente'

Ponencia de Concepción Díaz, presidenta de la CNSE y su fundación

03/10/2016

Hace unos días El Ateneo de Madrid promovió un debate sobre derechos humanos, diversidad social y discapacidad en el que participaron dos mujeres con discapacidad. Una de ellas fue Concepción Díaz, presidenta de la CNSE y su fundación, que amablemente ha cedido su ponencia para compartirla en el boletín 'Generosidad', y que podéis leer a continuación.

Concepción Díaz, presidenta de la CNSE y su fundaciónNací en el año 71 con mi discapacidad. Mis padres son personas oyentes, y tengo tres hermanos y un tío que son sordos. El hecho de que me precediera, hizo que viviera la situación de otra manera.
 
Hablando de personas sordas, de personas con discapacidad en general, recuerdo haber vivido en España una época más oscura de la que estamos viviendo ahora. De hecho, entre los años 50 y los 80 vivimos una época muy, muy oscura. Parece que algo más de luz se arroja a partir del año 2000, cuando empezamos a verlo todo un poco más claro. 
 
Pero es cierto que hemos vivido épocas muy duras todas y todos. Recuerdo que, por ejemplo, en el caso de mi familia, que vivíamos en un pueblo y éramos las únicas personas sordas, eso supuso para nosotros una forma de vivir nuestra propia discapacidad. Éramos tres hermanos sordos, y nuestro tío sordo, y vivíamos con mucha vergüenza y complejos. En el colegio, tanto mis hermanos como yo no accedíamos a la información y siempre tratábamos de disimular que oíamos, que no se nos notase mucho que éramos sordos. 
 
Esa experiencia me hace cuestionarme por qué lo vivíamos así. Y la respuesta que hallo es que la percepción de la sociedad hacia nosotros era muy negativa, nos veían como personas con menos valor. Y esa visión hace que tú construyas tu identidad de una forma diferente, no como cualquier persona sin discapacidad, sino como lo viven, imagino, muchas otras personas sordas o con otra discapacidad diferente. Los límites se te imponen, no naces con ellos. 
 
Por ello, quería hacer una reflexión, en este caso sobre las personas sordas, pero que es aplicable para el resto de discapacidades, y conocer un poco la historia de la educación de las personas sordas. Una historia bien dura, de lucha y sufrimiento. 
 
Dentro de la comunidad sorda siempre se alude al famoso Congreso de Milán sobre educación de personas sordas, un congreso mundial que se celebró en 1880 y en el que se citaron diferentes educadores. Solo participó en el mismo una persona sorda, el resto eran personas oyentes y sin discapacidad, y la decisión que se tomó es que en los colegios, en los centros educativos, no se iba a utilizar la lengua de signos, sino que se iba a priorizar la lengua oral, la rehabilitación logopédica y patológica, digamos, de la visión de la sordera. 
 
Lo importante era que la persona sorda hablase y oyese, que no se notase que era una persona sorda para poderse integrar con normalidad en la sociedad. De esta forma nuestra forma de expresarnos quedó castrada. Los niños y las niñas sordas no podían signar porque era tremendamente negativo, según los participantes en el congreso, y tenían que presentarse como personas oyentes. Incluso, hay una frase muy célebre que marca también la percepción de cómo la sociedad nos ve desde ese momento: "¿desde cuándo se pregunta a un enfermo por el remedio que le conviene?".
 
Esta frase, dicho por uno de los participantes del congreso, no solo se aplica a las personas sordas, sino a las personas con discapacidad en general, y marcó el papel que las personas con discapacidad realizaríamos en nuestras organizaciones, un papel siempre subalterno, sin protagonismo, sin emancipación, sin empoderamiento. Es decir, la sociedad también arrastró esta visión y nos ha permitido hacer o no hacer en función de esa frase. 
 
La sociedad siempre ha negado a las personas con discapacidad, sordas o con otras discapacidades, el derecho a ser o estar tal y como somos: personas iguales al resto de la sociedad.  Nos ha negado nuestro derecho a ser como somos, a vivir con nuestras limitaciones igual que al resto. También nos han negado el derecho a alcanzar nuestros derechos, los tenemos, contamos con ellos, pero es que resulta que también tenemos el derecho de que la sociedad, el estado, nos dé la posibilidad de que, de forma autónoma, yo pueda ejercer mis derechos. Esto es un derecho también.
 
La visión negativa que la sociedad ha tenido hacia las personas sordas y hacia las personas con discapacidad ha supuesto una lucha para derribar esta percepción. Todas las organizaciones coincidíamos en esto y, de forma individual, habría sido imposible conseguirlo. Ha sido gracias  a las organizaciones representativas de las personas con discapacidad que hayamos logrado organizarnos para conseguir juntar diferentes individuos y que nuestra lucha, nuestro trabajo haga que la sociedad empiece a cambiar y sea consciente de que estamos aquí, y de quiénes somos. Esto antes no ocurría.
 
Aquí en España, igual que en el resto del mundo, las personas nos hemos organizado y hemos vivido un proceso muy importante como comunidad, que ha marcado un antes y un después en nuestra lucha y reivindicación, pero también en nuestra propia autopercepción, y que ha contribuido a la construcción de nuestra identidad como personas sordas.
 
En nuestro país, el hecho de vivir una dictadura de 40 años ha supuesto un retraso en la construcción de nuestra identidad. En España, el concepto de identidad sorda apareció en los años 90, mientras que en otros países surgió con mucha más antelación como EEUU, que fue uno de los pioneros, pero también otros países europeos. Hasta entonces, nosotros aceptábamos que usábamos una lengua mímica, gestual, que éramos sordomudos, y que lo nuestro no era una lengua, sino unos gestos y, eso sí, que para poder comunicarnos con la sociedad teníamos que hablar bien, teníamos que dejar de parecer sordos, parecer oyentes.  Era fundamental que no pareciera que éramos personas sordas. Y las personas sordas nos creíamos esto.
 
A partir de los años 90 empezamos nuestro despertar como colectivo con identidad. Empezaron a proliferar las investigaciones que demostraban  que la lengua de signos es una lengua, que no teníamos que estar acomplejados por hablar mejor o peor, por oír más o menos, que somos como somos. 
 
Nuestras asociaciones, a lo largo de toda nuestra historia, siempre hemos acumulado un acervo cultural, unas tradiciones, un valor que también reside en nuestra lengua y que nos ha ayudado a construir nuestra autopercepción, nuestra identidad positiva y nuestra autoestima, y también a reconocernos como personas útiles para nuestra sociedad sin menos cabo de nuestra propia persona como personas con discapacidad.
 
A nivel político, también hemos trasladado nuestras reivindicaciones y creo que las personas con discapacidad en este país, en España, con nuestra joven constitución, en comparación con otras cartas magnas, y con nuestra joven democracia, aún tienen mucho que avanzar y caminar. 
 
Viendo la evolución del movimiento de la discapacidad en general, conformadas por todas las organizaciones en el CERMI, creo que lo más importante que estamos haciendo ahora mismo, por un lado, es darle una vida digna a las personas con discapacidad, estamos luchamos por eso. Pero, por otro, también estamos construyendo sociedad, y para mí la sociedad actual en España es mejor, nuestro país es mejor gracias al movimiento asociativo de las personas con discapacidad. Estamos dando un enfoque, otra visión que la sociedad no tenía porque no pensaba en las personas con discapacidad. Y hoy somos las personas con discapacidad las que trasladamos nuestras propuestas, nuestras reivindicaciones y ayudamos a construir una sociedad mejor.
 
Nunca debemos olvidar que en España se ha ratificado la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, una convención fundamental, y que contamos con numerosas leyes y normativa a nivel estatal, autonómico y local que nacen del propio sector de la discapacidad. 
 
Contamos también, en nuestra vida diaria, con elementos de los que carecíamos hace unos años y que parecía imposible siquiera concebirlos. Por ejemplo, las personas sordas en los años 80 no podíamos conducir. Ahora mismo esto es impensable. Evidentemente, para su vida autónoma y su vida laboral cualquier persona necesita el carnet de conducir. Lo que antes era inconcebible, ahora es lógico y normal. 
 
Ahora tenemos intérpretes de lengua de signos en la televisión, en el ámbito universitario, en charlas, cuando antes era algo residual. Ahora se ve como algo de sentido común, es más, si no lo vemos nos preguntamos por qué no ofrecen este recurso. Es decir, han cambiado las cosas. 
 
También vemos que la sociedad y su percepción de cara a las personas con discapacidad es diferente. Si os acordáis, sobre todo en el ámbito rural, recuerdo que había personas con discapacidad cognitiva que no salían a la calle, estaban presas en su propia casa, detrás del visillo, y no podían salir. Ahora es al revés, las personas con discapacidad hemos ganado en visibilidad y se nos ve como algo normal y diverso, porque lo diverso es lo normal. Lo anormal es lo no diverso. 
 
Hemos cambiado en esa percepción y creo que sí, es innegable que hemos avanzado, aunque aún tengamos muchas cosas pendientes como el derecho al voto a más de 100.000 personas que se les niega recurrentemente, igual que se nos negaba a las mujeres anteriormente con argumentos que no han cambiado a lo largo del tiempo, y donde lo único que cambia es el público objetivo; o la esterilización forzosa de las mujeres. Hay países del llamado tercer mundo en el que se practican cosas horribles, y que estamos viviendo aquí en España las mujeres con discapacidad, a quienes se nos vulnera nuestro derecho a poder reproducirnos. También recuerdo la violencia machista que sufrimos las mujeres, pero también las mujeres con discapacidad. Y si hablamos de servicios y recursos adaptados a nuestras necesidades, la verdad, decir que no existen.
 
Cada año, las personas usuarias de lengua de signos cuentan con intérpretes para el acceso al ámbito académico, institutos, universidades y cada año se repite, reiteradamente, la protesta de estas personas porque no consiguen  tener este recurso desde el primer momento en que entran en el aula. Si lo consiguen, muchas veces, es durante 16 horas lectivas y el resto del tiempo no lo tienen. ¡Contamos con legislación maravillosa que sí nos ampara, pero la aplicación de la misma es otra historia!
 
Las personas sordas mayores, por otro lado, están fuera del sistema de teleasistencia en nuestro país. El Imserso crea este programa, que es excelente, de muchísima calidad, con casi 30 años de historia, y en el siglo XXI, en el siglo de la tecnología, las personas sordas mayores todavía están excluidas del sistema de teleasistencia. Hay muchos elementos de nuestro día a día a los que todavía no tenemos acceso.
 
En el 'Informe de derechos de la discapacidad', que cada año emana del CERMI, refleja la realidad que vivimos las personas con discapacidad. Todavía tenemos muchos derechos pendientes, y por concluir, es cierto que para que esto cambie necesitamos personas, hacen falta personas dentro de la sociedad civil organizada porque si las personas con discapacidad no existimos, este país no cambia. La mentalidad cambia porque nosotras y nosotros, las personas con discapacidad, propiciamos este cambio.  
 
Igual ha pasado con otros sectores poblacionales, como el LGTBI, que ha luchado y reivindicado por sus derechos. Y es gracias a ello como ha cambiado la mentalidad de la sociedad respecto a la diversidad sexual y la orientación sexual, que se ve como algo aceptado. E igual ha ocurrido con las mujeres. La igualdad de género, la violencia machista, hoy no se acepta la violencia machista gracias a la lucha de las mujeres. Si las mujeres no hubiésemos luchado, la situación no habría cambiado en absoluto.  
 
Con la discapacidad pasa exactamente lo mismo. Por eso, quiero cerrar esta ponencia con una cita de una filósofa que sigo muchísimo, feminista, Amelia Valcarce, y que suscribo totalmente. Para mí resume nuestra lucha: "no conozco casi nada que sea de sentido común. Cada cosa que se dice que es de sentido común ha sido producto de esfuerzos y luchas de alguna gente por ella".
 
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