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Generosidad

Generosidad Nº49 - Septiembre 2019Generosidad Nº49 - Septiembre 2019

Boletín digital informativo sobre género y discapacidad

Protagonista

Beatriz de Miguel Vijandi, asesora técnica en el Consejo General de la ONCE y coordinadora general de la Fundación Derecho y Discapacidad

Una suerte de inclusión

02/09/2019

Beatriz Sancho - Fotos: Jorge Villa

Parece extraño encontrarse a alguien con una discapacidad tan visible como la de Beatriz de Miguel, una agenesia del brazo izquierdo, y que casi nadie a su paso por la vida se haya fijado en ella de manera insidiosa. Ha pasado tan desapercibida, a pesar de lo perceptible, en todos los diferentes, variopintos y numerosos contextos vitales por los que ha transitado, que su relato parece inverosímil, y sin embargo es real. Su experiencia es prueba evidente de que el paradigma del movimiento asociativo de la discapacidad (el de que la plena inclusión de las personas con discapacidad) es posible porque, como leerán, lo revela como certeza su propia existencia.

Beatriz de Miguel Vijandi, asesora técnica en el Consejo General de la ONCE y coordinadora general de la Fundación Derecho y DiscapacidadBeatriz de Miguel, actualmente asesora técnica en el Consejo General de la ONCE y coordinadora general de la Fundación Derecho y Discapacidad, no acierta a explicar cómo su discapacidad le ha influido, ni positiva, ni negativamente, en el trascurrir de su vida. Como nació con ella, dice, no puede compararlo con otro escenario en el que no la tuviera. Y hasta le resulta difícil de imaginar, pues nunca ha tenido “esa sensación de que le faltara algo, ni de que no pudiera hacer ciertas cosas”.
 
La discapacidad, de hecho, no fue tema destacable jamás en su entorno familiar, tampoco en el escolar en ninguna de sus etapas. Ni en ningún otro lado, dicho sea de paso, hasta que una vez formada personal y académicamente, viajada, con las ideas claras, y crecida en lo profundo, recaló, a través de un anuncio, en el departamento de Relaciones Internacionales y Plan Estratégico de Fundación ONCE que hizo prosperar, durante cinco años, con Lourdes Márquez y Miguel Ángel Cabra de Luna.
 
Por su discurso, no parece que la discapacidad fuera la sustancia que la atrajera a solicitar ese empleo, sino más bien su prurito interno de encontrar, en la labor profesional, tanto un desarrollo intelectual como emocional, que no encontraba en su trabajo de entonces como consultora económica. Pero solo “a raíz de este empleo en Fundación ONCE fue cuando me enteré de la existencia del mundo de la discapacidad”. Hasta entonces, asegura que no había tenido contacto alguno con él “porque, en mis carnes, de verdad”, recalca, “nunca lo había vivido”.
 
De hecho, fue una niña que siempre se centró, en lugar de en lo que no podía hacer, “en cómo iba a hacer esto o aquello a su manera”. Ella escuchaba a quien fuera la explicación de cómo se hacía algo (atarse los zapatos, cortarse las uñas…), y un paso por delante, Beatriz de Miguel, con su brazo izquierdo sin desarrollar, jamás objeto de mofa, buscaba de forma intuitiva la forma para terminar haciéndolo a su modo, y acorde a su condición. Y todo, como la propia suerte que la ha acompañado siempre, “salía naturalmente”.
 

EL COLMO DE LA INCLUSIÓN

 
“He tenido muchísima suerte”, decía De Miguel para referirse a su inclusión en el entorno escolar. Fue a un colegio privado de Bilbao, el Alemán, y entre su grupo de compañeros, su discapacidad “jamás fue un tema de conversación. Se daba por hecho, era como la cosa más normal del mundo”. Si en gimnasia había que hacer natación, espalderas, o lo que fuera, ella lo hacía como cualquier otro/a compañero/a, y si había algo que le costaba hacer o no podía, pasaba el o la siguiente, y ya. “Nunca sentí que aquello fuera algo diferente. ¡Era lo más normal del mundo!”.
 
Beatriz de Miguel Vijandi, asesora técnica en el Consejo General de la ONCE y coordinadora general de la Fundación Derecho y Discapacidad“En general, si algo puedo decir sobre el relato, la narración de mi vida es que todo ha sido muy, muy positivo. ¡Es que he tenido muchísima suerte!”, repite nuevamente, quizás casi a modo de mantra, o de agradecimiento, y siendo muy consciente de lo insólito de su caso respecto a la experiencia general de inclusión de las personas con discapacidad. “Jamás, jamás he tenido un problema a raíz de la discapacidad”, declarara, y eso, sin duda, es prueba de su auténtica fortuna.
 
Prácticamente instigada, nuestra protagonista solamente es capaz de rescatar de su memoria un par de episodios concretos que “podrían” estar relacionados con la exclusión por discapacidad, y que subrayaba como “la excepción y no la regla”, mientras vuelve a señalar, por tercera vez y sin saber aún cuántas veces más resaltaría durante la entrevista, su afortunado y envidiable destino. Sin embargo, ninguno de los dos relatos, como veremos, tenían realmente que ver con la exclusión. Luego, hasta ahora, el sino de De Miguel siempre ha sido el sortear felizmente esa terrible experiencia de la exclusión, que ha perseguido y dolido a tantos seres humanos. 
 
Una vez iba en el metro con varias amigas, relata la primera anécdota, volvían de la playa y una mujer se le acercó al ver su brazo izquierdo y le contó la historia de su hijo, que era campeón de natación y no quería ponerse una prótesis. “Yo no la uso”, le comentó nuestra “incluida”, a lo que la mujer le contestó: “Pues igual deberías”.
 
A este punto, Beatriz de Miguel, seguía sin entender muy bien por qué se la entrevistaba a ella para el ‘cermi.es semanal’ dado que no había tenido ningún problema de exclusión por su discapacidad, ni por ningún otro motivo. No se daba cuenta, por el momento, luego sí, de la importancia de dejar constancia, aquí y ahora, de lo sublime y sólida que ha sido su inclusión; de cómo en su experiencia vital se asume la discapacidad con la deseable normalidad y con tanta naturalidad, que deja de ser necesaria la inclusión porque se realiza per se; de que su testimonio la convierte en una rara avis digna de mención, reconocimiento, elogio y aplauso, para que pueda ser espejo y enseñanza para otras personas con discapacidad, para sus entornos, y para la sociedad completa.
 

CAPACITADA PARA EL MUNDO

 
Beatriz de Miguel nace en Bilbao hace 39 años. Y sus buenas notas en el colegio le permitieron solicitar plaza en la Universidad de Deusto donde estudió “sin vocación” la carrera de Empresariales, admite, para no perder la oportunidad de entrar en una institución tan “prestigiosa”. “¡Si por mí fuera hubiera hecho bellas artes!”, apuntala por boca de la otrora estudiante.
 
Sin embargo, su elección le abrió muchas puertas y, entre ellas, irse de Erasmus a Alemania donde, si primeramente se había planteado seguir un curso especial ese año académico para obtener una doble licenciatura, cambió de opinión y trocó, como buena expresión de su juventud, un año entero de tirarse encerrada en la biblioteca para conseguirlo, por otro viviendo la experiencia sin parangón y “tan fantástica” de una Erasmus convencional, en la que “se conoce a tanta gente” y uno se lo pasa “a lo grande".
 
Beatriz de Miguel Vijandi, asesora técnica en el Consejo General de la ONCE y coordinadora general de la Fundación Derecho y DiscapacidadTambién las puertas del mundo se abrieron a De Miguel tanto por su licenciatura lograda en Deusto como por su genuina inquietud por viajar y hacer cosas nuevas, así como por su ausencia de miedo, “a salir y exponerme, a lo diferente, a lo desconocido”, legado esto último que reconoce, en gran medida, precisamente a su discapacidad. Tras vivir en Alemania un curso académico por la mencionada Erasmus, se pasó ocho años viviendo en el extranjero. “Iba cambiando de país casi todos los años” con el enriquecimiento consiguiente, pero también con las dificultades de tener que hacerse “amigos nuevos”, que para ella, por su carácter, tampoco supuso problema alguno.
 
Primero estuvo en Nueva York, “que es una locura”, con una beca del ICEX, concretamente en la Embajada de España ante Naciones Unidas. Allí aprendió una forma genuina de conocer a gente, y a estar en ese “movimiento constante tan estimulante”. El año siguiente, en las antípodas: el Banco Asiático de Desarrollo la llevó a vivir a Manila (Filipinas), una “megaciudad de 80.000 habitantes”, caótica por el tráfico, que la ofreció una diferencia cultural radical y otra “maravillosa experiencia” para su recuerdo y su extenso bagaje.
 
De Asia volvió a Europa, concretamente a Bruselas por otra beca, esta vez de la UE, para trabajar en el gabinete del entonces comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, el señor Joaquín Almunia, y que también describe como una vivencia “increíble”. Y tras Bélgica se instaló en Londres para realizar un máster en Economía del Desarrollo en SOAS University of London, tras el cual decidió volverse a España e instalarse en Madrid, después de haber extraído el jugo a cada “experiencia distinta”, que no podría haber vivido de haberse quedado en su “zona de confort”, y que le obligó a afrontar “nuevos retos” constantemente, algo que, por cierto, la encanta.
 
En nuestro país la crisis arreciaba a su vuelta (2009) y, pese a un brillante currículo académico, la licenciada se encontró con un momento “complicado” porque además de estar inmersos en la crisis, los temas que más controlaba ella entonces “estaban financiados públicamente”, con lo que aumentaba la dificultad para emplearse. Pero entró en una consultora de estudios económicos donde estuvo un par de años hasta que, sin el aporte emocional que ella busca en los trabajos que desempeña, entró por fin en Fundación ONCE (2011). 
 
Tampoco en este ingente itinerario internacional para su edad, lleno de contrastes y de diferencias culturales entre los habitantes de los diferentes países, Beatriz de Miguel se topó jamás con situación de exclusión alguna, con una burla, con ningún comportamiento ajeno suspicaz. “Miradas sí, desde luego”, pero no se refiere a miradas maliciosas, “en Asia se sacan fotos contigo, en algunos países incluso te tocan porque creen que les dará buena suerte. Por eso, me considero tan afortunada. Es que nunca he tenido ninguna experiencia de exclusión en ningún sitio”.
 
De pronto, se acuerda de ese segundo episodio tangencialmente relacionado con la exclusión que referíamos más arriba y puntualiza: “Solo una única vez. Cuando me saqué el carnet de conducir. Ha sido la única ocasión en la que me sentí muy, muy frustrada”. Comenta Beatriz que este tema fue “un suplicio” para ella porque siempre ha sido “muy activa” y porque siempre había querido conducir.
 
Beatriz de Miguel Vijandi, asesora técnica en el Consejo General de la ONCE y coordinadora general de la Fundación Derecho y DiscapacidadCuando cumplió los 18 años, fue a apuntarse a la autoescuela y le dijeron que “perfecto”, pero que lo primero que tenía que hacer era comprarse un coche adaptado. “¿Cómo me iba a comprar un coche? ¡cómo si fuera lo mismo que comprarse un abrigo! Entonces, me sentí muy frustrada”, confiesa. Pero a través de un contacto de su madre encontró otra autoescuela, un poco más lejos, donde “un tío con mucha cabeza y sentido común, en cuanto me vio, me dijo: ¡si tú no tienes ningún problema para conducir!. A nuestro coche de la autoescuela le ponemos una horquilla y un pomo de quita y pon, y ya está”.
 
Se sacó el teórico y el práctico a la primera. “Pero esa situación es la que más se me ha quedado marcada. Lo sufrí muchísimo, lo pasé fatal. Ahora conduzco y, de hecho, he estado en Namibia conduciendo un todoterreno sin adaptar 5.000 kilómetros. Pero aquello se me quedó grabado. En general”, incide casi con sonrojo por mentarlo tantas veces, “he tenido mucha, mucha, mucha suerte”. Por cierto, es diestra y, cuando juega al futbol o hace surf, “zurda”. Sí, sí, fútbol y surf. De Miguel se atreve con todo.
 

EXCLUSIÓN: NO ES MI CASO EN ABSOLUTO

 
Después de trabajar cinco años en Fundación ONCE, Rafael de Lorenzo, secretario general del Consejo General de la ONCE, necesitaba una persona para una vacante en su departamento. Buscaba un perfil técnico, más centrado en temas de estudios, alguien que pudiera darle soporte en los temas del Tercer Sector que él buscaba, “y mi perfil le encajó con lo que tenía en mente, y ahí sigo. Encantada de estar a su lado”. De Miguel le da apoyo en todo lo referente a la Plataforma del Tercer Sector, a las organizaciones en las que De Lorenzo está presente, como en Cepes, por ejemplo, y con todos los temas de estudios, artículos, ponencias, etc.
 
“En general, ya te digo, que me considero una persona muy afortunada porque todas las personas con las que he estado tanto en Fundación como en el Consejo General de la ONCE hasta ahora son maravillosas y me han aportado muchísimo”. Habla especialmente de Miguel Ángel Cabra de Luna, a quien considera “una eminencia”, de Lourdes Márquez, de Rafael de Lorenzo, todo un “visionario” y de Luis Cayo Pérez Bueno, a quien admira por su “inteligencia”.
 
En la Fundación Derecho y Discapacidad, que preside Pérez Bueno, Beatriz de Miguel, ha encontrado una oportunidad para hacer algo que nunca había hecho, y para asumir nuevos retos y mayores responsabilidades. Y siempre, en todos y en cada uno de los puestos que ha ocupado a lo largo de su carrera profesional, como no podía ser de otro modo ya a este punto de su historia, asegura haberse sentido “incluida desde el primer momento. Podría llamarse un caso de éxito”, dice sin pudor, pero enmarcando la frase entre una enorme sonrisa que embroma la presunción.
 
Hay gente que sufre la exclusión desde que nace, y no puede zafarse de ella nunca. Pero “¡es que no es mi caso en absoluto! La verdad es que toda mi vida ha sido así, como te la cuento, inclusiva”. Nadie, ni en el colegio, ni en el vecindario, ni en la Universidad, ni en ningún país en los que ha vivido o por los que ha viajado se ha metido o se burlado jamás de Beatriz por su visible discapacidad, como queda demostrado.
 
Beatriz de Miguel Vijandi, asesora técnica en el Consejo General de la ONCE y coordinadora general de la Fundación Derecho y Discapacidad“Es que nunca. ¡Jamás!. Lo sé, es idílico. Es que, incluso de pequeña, ni se hablaba de mi discapacidad, se asumía y ya. A la gente se le olvidaba. Es como que no existía”, aclara De Miguel. “Mira, mi mejor amiga desde los tres años, que la acabo de ver este fin de semana, cuando teníamos 16, de repente, un día se gira y me dice: ¿pero por qué llevas el reloj en la derecha?. La miré y le dije: ¡Me estás tomando el pelo! Y contestó: ¡Uy, no me he dado ni cuenta!. ¡Después de 13 años me preguntaba a mí eso!. Y es que ni se acordó, de verdad”.
 
Su discapacidad, por tanto, “no era algo que se evitara, simplemente se asumía con total naturalidad como se asume cualquier otra cosa”. Beatriz repasa un momento todas sus etapas vitales y menciona que es cierto que en el colegio, en la Universidad, siempre “había algún personaje que, con frecuencia, se llevaba todas las collejas. Pero nunca fui yo. Sí, he nacido con estrella, totalmente, si es que no lo niego. Se lo digo a todo el mundo, que tengo muchísima suerte, mucha. En todo. No sé cómo lo hago, pero espero que me dure mucho tiempo”.
 

PARADOJA: AJENA E INMERSA EN LA DISCAPACIDAD

 
A nivel profesional, y seguramente en todo lo que hace, Beatriz de Miguel se vuelca, lleva implícito el sello de la excelencia en ese “aura” que, bromeando, acordamos en que la “protege” o, al menos, mantiene intacta su sempiterna fortuna. Recordemos que nuestra protagonista entró en Fundación ONCE huyendo de un trabajo que no la aportaba ese gramo “emocional” necesario para ella en ese entorno, pero que, hasta entonces, jamás antes había tenido contacto con la discapacidad en sí, aun paseándola con evidencia, ni con el mundo asociativo de la discapacidad.
 
Fue en Fundación ONCE cuando “me enteré de este mundo”, y cuando, a través del empleo, comenzó a conocer la situación de otras personas con discapacidad. La sustancia le gusta, se siente más o menos identificada, le aporta, le enriquece, pero parece ser el plano laboral, por el reto intelectual que le supone, el que aparentemente ha logrado anclarla al sector social en el que se encuentra y desarrolla su labor, aportando a quienes están a su lado su capacidad y su valía profesional, y retroalimentándose, a su vez, de la sapiencia de quienes la rodean.
 
Aunque ambas cosas forman parte del “conjunto”, explica. “La discapacidad va incluida en mi trabajo, y quizás es el componente humano que me satisface personalmente, ese que busco siempre para crecer en el entorno laboral”, de otro modo, “ya lo habría dejado, como ocurrió en la consultoría”. “Pero no, no soy una activista incondicional de este mundo de la discapacidad, ni de nada”, la discapacidad, por mucho que una lo esperara, “como casi nada”, a Beatriz de Miguel no le quita el sueño ni a la hora de trabajar, ni en lo personal. “No es mi caso”, confiesa, y quizás, el hecho de que su pasión no sea la defensa apasionada de los derechos humanos de las personas con discapacidad, por el desapego que supone, la distancia paradójica siendo una de ellas, le ofrece precisamente una mayor perspectiva para desempeñar mucho más objetivamente, si esto es posible, su actual trabajo.
 
Beatriz de Miguel Vijandi, asesora técnica en el Consejo General de la ONCE y coordinadora general de la Fundación Derecho y DiscapacidadQuizás tenga que ver con no haber sufrido ni una sola situación de exclusión, ni por discapacidad, ni por género, por el que también se le pregunta, ni por nada. Curiosamente, tampoco ha visto, a lo largo de su vida, la exclusión de otras personas por discapacidad. “Que yo sepa, yo siempre era la única persona con discapacidad de mi entorno”. Quizás se deba, como ella apunta, porque “en mi caso, lo que es funcionalmente, me las he arreglado muy bien siempre para hacer de todo”.
 
Sacar el tema de la extendida dictadura de la estética, del cuerpo, de los chicos “en la adolescencia” vuelve a producir un liviano escozor íntimo en la piel de Beatriz de Miguel: “esa es la única cosa quizás. Sobre todo, cuando era adolescente. Luego, cuando te haces mayor, empiezas a darle menos importancia”, testimonia, “cuando eres adolescente todo es más intenso, todo es un drama. Especialmente todo lo que tiene que ver con los cambios físicos. Ahí es cuando te afecta”. Pero ahora, con distancia, “ya no lo recuerdo como ningún drama, sino como la experiencia que viviría cualquier otro adolescente”, liquida quitando hierro al asunto. “Después se pasa, y ya”:
 
Y efectivamente. Todo llega y todo pasa. Y así también tendría que pasar, muy de largo, la exclusión de las vidas de las personas con discapacidad, tal y como ha hecho con Beatriz de Miguel. Porque, por contraposición, la inclusión sería, lo dice ella: “Que no tenga que haber nada que contar. Eso sería lo perfecto. Si todo fuera asumido de forma natural, saldría todo por sí solo. Pero no es el caso para todas las personas”, lamenta nuestra “incluida”. Para ella, “si se tomara en cuenta la accesibilidad para hacer cualquier cosa, si fuera lo más normal del mundo encontrarte con una persona que a nivel visual (o no) es distinta a ti, si lo viéramos siempre como algo natural…”
 
…Beatriz está, en esas frases, soñando en voz alta nuestro sueño, convirtiéndose en portavoz, sin saberlo, de la idiosincrasia del CERMI. Eso que nombra en esas ideas se corresponde con la sustancialidad, la razón del nacimiento  del movimiento social de la discapacidad, y ella lo encarna, sin duda, no por querencia, como queda demostrado, no por mérito propio, pues no es voluntario, sino porque el despliegue “natural” de su existencia así lo ha dejado conformado, manifestado, expuesto y aun obviándose.
 
Beatriz de Miguel Vijandi, asesora técnica en el Consejo General de la ONCE y coordinadora general de la Fundación Derecho y DiscapacidadBeatriz de Miguel ha querido ser desde peluquera hasta reina de rock, y es que es una persona que se caracteriza por no haber tenido una referencia muy clara en su vida, por eso, tras su atrevimiento a tocar, a probar, a entrar en lo desconocido, hoy es quien es, y lo demuestra satisfecha y sin reparos, feliz, sabiéndose hija de una suerte múltiple que la apadrina. Pero sí que hay algo en su vida que siempre se ha mantenido y ha conseguido conmoverla: la música, el arte, en donde encuentra una conexión con el autor, su reflejo propio, que enciende su mecanismo de “movimiento” interno.
 
Aquella aspirante a licenciarse en Bellas Artes, ha vuelto hoy la pintura y la fotografía sus dos pasiones. Hace poco, cuenta, participó en una exposición colectiva de fotografía titulada “Feminismo y femineidad”. Ahora está trabajando en un proyecto personal relacionado con la discapacidad, “Independencia”, que retrata el significado de lo que representa para ella ser independiente y que, si se decide, quizás pronto veamos expuesto en el nuevo espacio que la Fundación CERMI Mujeres abre a todas las mujeres artistas y con discapacidad. Por tanto, y por tanto talento, a ella. 
 
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